El precio real de opositar
- CENCOPS - SECTOR POLICIAL CLAVE

- 11 nov
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No se paga en dinero, se paga en tiempo, sacrificio y paciencia.

Cuando decides opositar, piensas en el temario, en las pruebas físicas, en la fecha del examen. Lo que casi nadie te cuenta es el verdadero precio que vas a pagar: un coste silencioso que no aparece en ninguna convocatoria, pero que pesa más que cualquier matrícula o academia.
El precio de la plaza no está en euros, está en los años de tu vida que entregas sin garantías inmediatas.
Ese precio invisible no se mide en facturas, sino en horas de sueño robadas, en planes cancelados, en mañanas de cansancio y noches de duda. Opositar es una inversión que no se hace con dinero, sino con una moneda mucho más valiosa: tu tiempo y tu voluntad.
El tiempo que no vuelve
Horas de estudio que restas a tu familia.
Fines de semana que otros disfrutan y tú conviertes en simulacros.
Veranos enteros sin vacaciones, porque tu calendario no entiende de estaciones.
Cada minuto invertido en la oposición es un minuto que no volverá. Y sin embargo, es el mejor lugar donde ponerlo.
El sacrificio de lo cotidiano
El opositor paga también con sacrificios diarios:
Rechazar una salida con amigos por un test pendiente.
Asumir que no siempre tendrás ánimo para estar alegre en casa.
Aceptar que tu pareja y tu familia cargan con tu ausencia, incluso estando presente.
Ese sacrificio se siente injusto a veces, pero es el precio de un objetivo mayor.
La paciencia como arma secreta
El opositor profesional aprende que la plaza no se gana corriendo, sino resistiendo. La paciencia es aceptar que los resultados tardan, que no siempre se ven progresos, que habrá suspensos en el camino. Quien no sabe esperar, abandona. Quien resiste, avanza.
Esto es CENCOPS
Aquí no escondemos el precio de opositar: lo ponemos encima de la mesa. Porque solo quien está dispuesto a pagarlo, llega. El que acepta que su tiempo, sus sacrificios y su paciencia son la inversión más grande de su vida, es el que acaba con la plaza en la mano.
Ese es el verdadero coste. Y también, la verdadera recompensa.



