La soledad del opositor
- 9 dic 2025
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No siempre tendrás aplausos ni comprensión, pero siempre tendrás tu propósito.

Opositar es un camino solitario. Al principio todos te animan, te preguntan cómo vas, incluso admiran tu decisión. Pero con el tiempo las preguntas se apagan, los ánimos desaparecen y lo que queda es silencio. Ahí es donde descubres la soledad real del opositor.
La oposición no te aísla de los demás, te acerca a ti mismo: a tu voluntad, a tu propósito, a tu capacidad de resistir sin testigos.
Esa soledad duele. Porque tu entorno no siempre entiende por qué no sales, por qué no tienes tiempo, por qué estás tan serio. Incluso tu familia puede llegar a pensar que exageras. Y es en ese vacío donde muchos se pierden. Pero también es ahí donde los que aguantan se hacen fuertes.
La incomprensión como prueba
El opositor profesional aprende a convivir con la incomprensión:
No todos van a entender por qué renuncias a un fin de semana.
No todos valorarán el sacrificio invisible de horas de estudio.
No todos estarán cuando necesites apoyo.
Y aun así, sigues. Porque tu propósito pesa más que la mirada de los demás.
Aprender a sostenerse solo
La soledad es un entrenamiento:
Te enseña a no depender del reconocimiento externo.
Te obliga a encontrar motivación en tu propio avance.
Te da la fortaleza de estudiar incluso cuando nadie lo espera de ti.
Ese aprendizaje será tu mayor arma el día del examen: sabrás resistir solo, como lo hiciste durante todo el camino.
La comunidad que sí entiende
Aunque la oposición es solitaria, no tiene por qué ser un desierto. Estar rodeado de otros opositores que comparten tu lucha te recuerda que no eres el único. Esa comunidad no elimina la soledad, pero la transforma en fuerza compartida.
Esto es CENCOPS
Aquí entendemos que opositar no solo es estudiar: es aprender a convivir con la soledad, a resistir sin aplausos y a sostenerte con tu propósito. Porque al final, la plaza no es de quien más acompañado estuvo, sino de quien supo caminar solo hasta llegar.



